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Poética de Aristóteles (480 aC) |
2008-09-08 |
Aristóteles, por más increíble que parezca, sienta las bases de la escritura audiovisual, hoy reproducida permanentemente tanto en obras de teatro, como de ballet, de cine, televisión e, incluso, interactivas.
Hace unos 2500 años, en Grecia, existía la costumbre de realizar, anualmente, concursos y festivales de teatro que se celebraban en los anfiteatros. Durante todo el día varias compañías se sucedían en el escenario, una tras otra, representando, en un caso la misma y en el otro diferentes, obras dramáticas(1).
El público estaba conformado por familias que llegaban de todos lados, cargados de niños, mantas y canastos llenos de frutas, verduras, pan(2) y todo lo necesario para pasar el día, sentados en la dura piedra del anfiteatro.
Mientras los niños correteaban, las horas pasaban y los actores interpretaban, un joven se entretenía observando en igual medida al público presente y a las representaciones.
Le causaban curiosidad las reacciones de la gente: cuándo eran atrapados por los hilos de la historia; cuándo, seducidos por los personajes, liberaban emociones; en qué circunstancias se desentendían de la obra o dejaban de creerle; o por qué razones era necesario que algunas cosas sucedieran antes que otras.
Ese joven era Aristóteles y las reflexiones que le inspiraba asistir a los concursos y festivales de teatro conformaron, años más tarde, una de sus obras más emblemáticas: la Poética.
La Poética es el primer tratado de guión escrito en la historia de la humanidad, y data del año 480 AC. Allí Aristóteles, por más increíble que parezca, sienta las bases de la escritura audiovisual, hoy reproducida permanentemente tanto en obras de teatro, como de ballet, de cine, televisión e, incluso, interactivas.
Con un lenguaje directo y la simpleza conceptual de los que saben, en este pequeño librito encontramos las claves de una caracterización de personajes efectiva para causar en los espectadores “ora temor ora piedad”(3) entendiendo la importancia de la identificación entre personaje y público.
Nos explica la función y el valor de la estructura dramática, en la que “principio es algo que no sucede necesariamente después de otra cosa; si bien otra cosa existe o sucede después de esto. Fin es, al contrario, lo que naturalmente viene después de otra cosa, o por necesidad, o por lo común; y tras él nada más ocurre. El medio, es aquello que viene después de otra cosa y que a su vez tras de sí aguarda otra.”(4) Y continúa, “Los que han de construir una trama en la forma adecuada, no deben, por lo tanto, comenzar o terminar en cualquier punto, sino que deben idearlas al modo dicho.”(5)
Entendemos el concepto de verosímil como si se tratara de algo natural, al igual que la necesidad de los puntos de inflexión que mueven la historia o las emociones de los que espectan, y la importancia de definir, antes que nada, un conflicto que nos convoque a la acción, porque “(…) es ineludible que sin acción no puede haber tragedia (…)”(6).
Aprender un arte a partir de las primeras experiencias, desde las bases, es lo que permite a los artistas entender el sentido y la necesidad de cada paso en la creación, para así poder encontrar su propia manera de crear. Una vez que seamos capaces de comprender, seremos capaces de armar nuestra travesía.
Es por todo esto que recomiendo a quienes quieran aprender de escritura o realización audiovisual, leer atentamente este libro.
1. Dramáticas, de drama = representación.
2. De ahí la costumbre de que, si la obra es mala, se tiraban alimentos en estado de putrefacción desde el público hacia el escenario.
3. Aristóteles, Poética, EMECÉ Editores, Buenos Aires, 1947, pág. 66
4. Idem 3, pág. 55
5. Idem 4Idem 3, pág. 51
Paula Arella
paulaarella@cineescuela.com |